La diosa Tlazolteotl es una de las figuras más enigmáticas del panteón mexica. Simboliza la lujuria, la transgresión y la enfermedad, pero también la purificación y la renovación espiritual. Esta compleja dualidad la convierte en un reflejo de la condición humana en la cosmovisión prehispánica. .
Nomenclatura y advocaciones
Su nombre deriva de tlazolli (basura, desecho, exceso, cosa usada) y teōtl (dios o diosa). Como señala Miguel León-Portilla, tlazolli no aludía únicamente a la “basura material”, sino también a las “inmundicias morales”, a los pecados y desórdenes sociales.Entre sus advocaciones principales encontramos:
Tlahēlcuāni, “la que come inmundicias”.
Ixcuinan o Ixcuina, “las cuatro hermanas viejas”.
Tlahēlhuāni, “la que provoca deseos pecaminosos”.
Fray Bernardino de Sahagún (Libro I, Historia General de las Cosas de la Nueva España) describe cómo era invocada para perdonar los pecados:
“Decían que ella era diosa de la carnalidad y de los adulterios… y los confesores decían que ella comía las inmundicias de los hombres, los cuales se confesaban de sus pecados carnales.”
Diosa de los tejedores y la lujuria
Además de su papel erótico, Tlazolteotl fue considerada patrona de los tejedores y las hilanderas. Según López Austin (Cuerpo humano e ideología, 1980), el tejido representaba un acto cósmico: “tejer era ordenar el universo a partir del caos”.
En lo sexual, Tlazolteotl se vinculaba a la lujuria y el deseo carnal. Durán, en su Historia de las Indias de Nueva España (cap. LXXXVIII), la llama “diosa de los deleites carnales” y explica que, tras incitar al pecado, ofrecía el medio de purificación mediante la confesión ritual.
Asociaciones con otras deidades
Toci: Ambas comparten el ámbito de la medicina y la regeneración. Sahagún (Libro VI) describe a Toci como “abuela de los dioses y señora de los temazcales”. Tlazolteotl, asociada al pecado, hallaba en el temazcal un medio de purificación corporal y espiritual.
Xochiquetzal: Mientras Xochiquetzal encarna el amor juvenil, la belleza y la sensualidad inocente, Tlazolteotl es el rostro maduro y pasional del amor. López Austin señala que ambas forman un “díptico femenino” donde la sexualidad aparece primero como juego y luego como transgresión y aprendizaje.
Tezcatlipoca: En los códices, Tlazolteotl aparece relacionada con Tezcatlipoca, señor del destino y de la tentación. Ambos representan fuerzas que llevan al ser humano a la prueba moral, una con el poder del deseo y el otro con el juicio implacable.
Tlazolteotl y la enfermedad
En la tradición nahua, Tlazolteotl también se vinculaba con la epilepsia y otras enfermedades convulsivas. Sahagún (Libro X) menciona que ciertas enfermedades “de los temblores y de los espantos” eran atribuidas a esta deidad.
La epilepsia era vista no solo como una afección corporal, sino como una manifestación del desorden espiritual que la diosa encarnaba.
Iconografía característica
En códices como el Borgia y el Florentino, Tlazolteotl aparece con atributos reconocibles:
Tocado de algodón y huso – patrona de tejedores.
Pintura negra en boca y nariz – símbolo de la tierra y el deseo.
Vestimenta rayada o florida – sensualidad femenina.
Escobillas o temazcal – instrumentos de limpieza ritual.
Serpientes y mazorcas de maíz – fertilidad y regeneración.
Autoparto – algunas imágenes muestran a Tlazolteotl pariendo a sí misma, un poderoso símbolo de su carácter cíclico: devora el pecado y al mismo tiempo engendra la renovación. Esta autorreferencialidad la convierte en arquetipo del renacimiento perpetuo.
Tlazolteotl y los temazcales
El temazcal, más que un baño de vapor, era un espacio de renacimiento. López Austin interpreta que este baño “representaba el útero de la tierra, del cual salía el hombre renovado”. En este contexto, Tlazolteotl, junto con Toci, era protectora de quienes buscaban purificarse física y espiritualmente en el vapor sagrado.
Reflexión final
Lejos de ser únicamente la diosa del pecado, Tlazolteotl es una fuerza cósmica que abarca el ciclo vital de la tentación, la caída, la enfermedad y la redención. Su iconografía, que llega incluso a representarla pariendo su propia figura, sintetiza la visión prehispánica del universo como un tejido perpetuo de nacimiento, muerte y renacer. Su red de asociaciones con Toci, Xochiquetzal y Tezcatlipoca muestra que la espiritualidad prehispánica concebía la existencia como un entramado donde cada hilo de deseo, error y purificación se enlaza en un patrón mayor, inseparable de lo divino.
📚 Fuentes consultadas:
Durán, Diego. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme.
León-Portilla, Miguel. La filosofía náhuatl. UNAM, 1956.
López Austin, Alfredo. Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas. UNAM, 1980.
Sahagún, Bernardino de. Historia General de las Cosas de la Nueva España (Libros I, VI y X)
Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.