El presente artículo analiza las representaciones de la corporalidad femenina en las películas La hermanastra fea (inspirada en el cuento de los hermanos Grimm) y La sustancia (2024), desde la perspectiva del body horror y la crítica feminista. Ambas obras exponen la tensión entre la búsqueda de la belleza ideal y la repulsión hacia el cuerpo que envejece, engorda o se descompone. A partir de las nociones de lo abyecto (Kristeva, 1982), la mirada masculina (male gaze, Mulvey, 1975) y la estética grotesca del cuerpo (Creed, 1993), se examina cómo el cine problematiza la obsesión contemporánea por la juventud, la delgadez y la perfección corporal.
Cuerpos que se transforman
En los espacios femeninos, las conversaciones sobre el cuerpo —la juventud perdida, las dietas, las arrugas— son frecuentes y reveladoras. Estas charlas no solo reflejan preocupaciones individuales, sino también los imperativos culturales que definen lo bello y lo aceptable. En una sociedad donde la belleza es capital simbólico, las mujeres aprenden a habitar sus cuerpos bajo la constante amenaza del rechazo.
El cine, como dispositivo de poder y deseo, ha sido un escenario privilegiado para representar y cuestionar estos ideales. En La hermanastra fea y La sustancia, lo corporal se convierte en un territorio de lucha, donde la piel, la grasa o las arrugas son signos de decadencia. Ambas películas exponen el horror de habitar un cuerpo que deja de ser útil dentro del mercado estético y del deseo masculino.
El ideal de belleza y la mirada masculina
Desde la teoría del cine feminista, Laura Mulvey (1975) señala que el cine clásico de Hollywood construye la figura femenina como objeto de contemplación y placer visual para un espectador masculino. Esta mirada masculina legitima una jerarquía donde la mujer es vista, evaluada y deseada bajo parámetros estéticos impuestos.
En La hermanastra fea, el “príncipe” representa esa mirada que autoriza qué cuerpo merece ser amado. Lo grotesco, lo desproporcionado o lo “no bello” es excluido del relato romántico. La protagonista desea adaptarse a un ideal que no le pertenece, mutilando simbólicamente su propia identidad.
Por su parte, La sustancia —una crítica directa al sistema de Hollywood— lleva esta dinámica al extremo. El cuerpo joven y terso se convierte en mercancía: las actrices son desechables una vez que pierden su valor estético. El rejuvenecimiento que promete el film es una ilusión que exige la destrucción del cuerpo real. En ambos casos, la belleza se impone como un mandato patriarcal que define el valor y la existencia de las mujeres.
Lo grotesco y lo abyecto: la carne como frontera
Julia Kristeva (1982) define lo abyecto como aquello que perturba la identidad, el orden y la limpieza: la sangre, la carne, los fluidos, la vejez. Lo abyecto provoca repulsión porque recuerda nuestra condición corporal y mortal. En el body horror femenino, este concepto se traduce en cuerpos que sangran, se deforman o se pudren, revelando la fragilidad de la forma humana.
Barbara Creed (1993) retoma esta noción al proponer la figura de la “monstruosa femenina”, donde el cuerpo de la mujer —por su capacidad de menstruar, gestar o envejecer— es percibido como fuente de horror. En La sustancia, la protagonista encarna este terror al verse obligada a enfrentar su versión más vieja, flácida y decadente. El procedimiento de rejuvenecimiento no es un triunfo, sino una pesadilla corporal: la piel se rasga, la sangre brota, el yo se escinde.
Asimismo, La hermanastra fea trabaja con una estética grotesca que remite a la tradición del cuerpo carnavalesco (Bajtín, 1987), donde la deformidad, la exageración y el exceso rompen con la lógica de la armonía clásica. Lo grotesco, en ambos casos, no es simplemente lo feo, sino una rebelión estética contra la homogeneidad de la belleza.
Comer, desear y pecar: el cuerpo como exceso
Susan Bordo (1993) advierte que el cuerpo femenino se convierte en superficie de control social, especialmente a través de la comida, la sexualidad y el peso. En las películas analizadas, comer se asocia con la pérdida de control, con el pecado y con el placer que debe ser reprimido. La delgadez, en cambio, simboliza disciplina y valor moral.
El cuerpo grotesco —que come, que envejece, que sangra— se opone al ideal ascético de belleza. En La hermanastra fea, los banquetes y los cuerpos exuberantes son ridiculizados; en La sustancia, los alimentos se vuelven metáforas de un placer que amenaza la perfección. Esta relación entre lo corporal y lo asqueroso revela cómo el sistema estético contemporáneo castiga los signos de la vida misma.
Competencia, desecho y autoaniquilación
Ambas películas muestran cómo el patriarcado induce una competencia destructiva entre mujeres. En La hermanastra fea, la lucha es por el reconocimiento del príncipe; en La sustancia, la protagonista compite consigo misma, contra su reflejo ideal. La violencia no viene solo del exterior, sino del interior de la psique femenina colonizada por el ideal de perfección.
Esta dinámica convierte a las mujeres en sujetos autodestructivos, dispuestas a someterse a procedimientos dolorosos, costosos e incluso ilegales para conservar la belleza. En el mundo de La sustancia, el cuerpo viejo es literal y simbólicamente desechado. La vejez no es solo un estado físico, sino una forma de invisibilidad social.
Conclusiones: lo feo como resistencia
Tanto La hermanastra fea como La sustancia proponen una lectura crítica sobre la imposición estética contemporánea. A través del horror, el grotesco y la abyección, revelan que la verdadera monstruosidad no reside en la carne envejecida, sino en el rechazo sistemático hacia el cuerpo real.
Revalorizar lo grotesco implica reconciliarse con el cuerpo y reconocerlo como espacio de experiencia, no de castigo. La belleza es efímera, pero la experiencia corporal —con su dolor, su deseo y su transformación— constituye la auténtica fuente de poder.
En última instancia, estas películas nos recuerdan que “recordar que eres una misma”, como dice La sustancia, es un acto político y profundamente humano frente a una cultura que nos enseña a odiar nuestros cuerpos.
Bibliografía
Bajtín, M. (1987). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento: El contexto de François Rabelais. Alianza Editorial.
Bordo, S. (1993). Unbearable Weight: Feminism, Western Culture, and the Body. University of California Press.
Creed, B. (1993). The Monstrous-Feminine: Film, Feminism, Psychoanalysis. Routledge.
Kristeva, J. (1982). Powers of Horror: An Essay on Abjection. Columbia University Press.
Mulvey, L. (1975). “Visual Pleasure and Narrative Cinema.” Screen, 16(3), 6–18.
Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.