En el marco del Encuentro de Divulgadores y Divulgadoras de la Historia (INEHRM, 2024), la Dra. Anel Hernández Sotelo presentó la ponencia “Hacer escuela sin serlo”, una reflexión que redefine el sentido del quehacer histórico. Desde su propuesta, la historia es política, no por servir a una ideología, sino porque es una práctica crítica que combate la historia oficial y devuelve la memoria a las manos de la gente.
Tutivillus, como espacio de agitación histórica, asume esta postura al entender la historia como un saber colectivo, en movimiento, que se construye desde la reciprocidad y el diálogo. Lejos de la educación domesticadora, propone hacer escuela sin serlo, generar pensamiento crítico sin jerarquías y construir comunidad desde los saberes compartidos.
Esta visión también encuentra eco en Ajolotes Nerds, con quienes comparte el propósito de acercar la historia a nuevos públicos, romper los relatos únicos y mantener viva la curiosidad. Porque hacer historia —en aulas, redes o calles— es siempre un acto de resistencia, memoria y transformación.
El historiador como agente político
Hernández Sotelo plantea un giro en la figura del historiador. Ya no se trata del académico que observa el pasado desde una torre de marfil, sino de un agente político, alguien que interviene desde la crítica y la responsabilidad con la memoria colectiva.
Pero lo político aquí no significa militancia partidista. Ser un agente político, en este sentido, es reconocer el poder, resistirlo y discernir entre lo que le pertenece al Estado y lo que corresponde al ciudadano. Es defender el derecho social a recordar, reinterpretar y disputar la historia.
La historia, así entendida, deja de ser un relato cerrado para convertirse en un campo de batalla simbólico, donde los significados se debaten y se reescriben.
Tutivillus: un espacio de agitación histórica
En esta misma línea, Tutivillus encarna la idea de que la historia se mueve, se agita, se comparte. No es una institución académica tradicional, sino un laboratorio de pensamiento y acción, un espacio de agitación histórica que combate la rigidez de las estructuras educativas.
En un contexto donde el conocimiento suele concentrarse en pocas manos y presentarse como “verdad absoluta”, Tutivillus apuesta por desconcentrar el saber histórico. Su lucha es contra el conocimiento domesticador y jerárquico que impone el poder, y a favor de una historia que se construye desde abajo, con pluralidad de voces, memorias y experiencias.
Una cooperativa de saberes históricos
Tutivillus se concibe como una cooperativa de saberes históricos: un espacio donde diferentes personas —historiadores, divulgadores, estudiantes, curiosos— pueden dialogar, reflexionar y crear colectivamente.
El blog de Tutivillus funciona como una de sus ágoras digitales: un lugar donde múltiples voces se encuentran para pensar juntas el pasado y el presente. Cada texto publicado es una conversación abierta, un punto de partida para seguir pensando la historia desde la diversidad y el compromiso social.
Aprender no es adoctrinar: hacer escuela sin serlo
En el corazón de esta propuesta está la idea de hacer escuela sin serlo. Enseñar, pero sin imponer. Compartir conocimiento sin jerarquías. Formar pensamiento crítico sin reproducir estructuras de obediencia.
En lugar de replicar modelos rígidos, Tutivillus crea espacios dialógicos, donde el conocimiento se produce a partir del intercambio, la crítica y la escucha. La historia deja de ser una lección para convertirse en una conversación.
La tecnología como prótesis del saber
La Dra. Hernández Sotelo también define a Tutivillus como un dispositivo ciber-histórico del saber hacer. En esta visión, las tecnologías digitales no sustituyen la experiencia humana, sino que la amplifican.
El trabajo histórico es una práctica experiencial, no experimental. Nace del encuentro con otros, de la lectura sensible del archivo, del diálogo y de la creación compartida. Las plataformas digitales, en este sentido, son extensiones del pensamiento colectivo, prótesis del conocimiento que permiten articular nuevas formas de entender y difundir la historia.
Agitar la historia: la duda como resistencia
Frente a la historia oficial —esa que selecciona y depura el pasado para legitimar al poder—, la historia crítica que defiende Hernández Sotelo y que impulsa Tutivillus se alimenta de la duda, del conflicto y del movimiento.
Agitar la historia no es provocar el caos, sino mantenerla viva. Es romper con los relatos únicos, sacudir las certezas y abrir espacio a las preguntas incómodas. La incomodidad, en este caso, no es un problema: es el principio del pensamiento histórico libre.
La historia como práctica colectiva
Divulgar la historia es, por tanto, un acto político de resistencia. Es abrir los archivos, devolver la voz a quienes fueron silenciados y recordar que el pasado sigue siendo un terreno de lucha.
La historia, entendida así, no pertenece al Estado ni a los manuales escolares, sino a las personas. Es una práctica comunitaria que articula memoria, identidad y poder; una herramienta para pensar el presente y construir futuros posibles.
De los archivos a las calles
En esta tarea, Tutivillus y Ajolotes Nerds comparten una misma convicción: la historia no se queda en los museos ni en los libros; se vive en las calles, en las conversaciones y en la cultura cotidiana.
Recuperar la historia es recuperar la voz. Es hacer comunidad. Es reconocer que el pasado no es una herencia muerta, sino una fuerza que sigue moldeando quiénes somos y quiénes queremos ser.
🖋️ Texto inspirado en la ponencia “Hacer escuela sin serlo” de la Dra. Anel Hernández Sotelo, presentada en el Encuentro de Divulgadores y Divulgadoras de la Historia (INEHRM, 2024).
Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.