MrBeast, el INAH y el patrimonio cultural de México: entre la difusión global y la mercantilización del pasado

En mayo de 2025, el patrimonio cultural mexicano se convirtió en el centro de una polémica internacional cuando el youtuber estadounidense MrBeast publicó un video grabado en zonas arqueológicas como Chichén Itzá y Calakmul. Con millones de reproducciones en pocas horas, el contenido mostró accesos a áreas usualmente restringidas, recreaciones espectaculares y una narrativa visual diseñada para el consumo masivo. La reacción no se hizo esperar: arqueólogos, académicos, comunidades y usuarios en redes sociales expresaron su indignación, cuestionando no solo el video, sino el modelo de gestión cultural que lo hizo posible.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que sí otorgó permisos para la grabación, pero posteriormente interpuso una demanda contra el creador de contenido, argumentando incumplimientos a los términos acordados, uso de los sitios con fines de lucro —incluida la promoción de marcas— y la difusión de información inexacta sobre los espacios arqueológicos. El caso abrió un debate profundo que va más allá de un influencer: ¿quién decide cómo se representa el patrimonio cultural?, ¿hasta dónde llega la difusión y dónde comienza la explotación?, ¿qué papel juegan las instituciones, las comunidades y el mercado global del entretenimiento?

El patrimonio cultural no es un escenario neutral
Como hemos señalado, el patrimonio cultural no es un objeto inerte ni un simple vestigio del pasado. Es una memoria viva, construida socialmente, cargada de significados simbólicos, históricos y políticos. Zonas arqueológicas como Chichén Itzá o Calakmul no son solo atractivos turísticos: son espacios sagrados, testimonios materiales de sistemas de pensamiento complejos y referentes identitarios para comunidades que mantienen vínculos históricos y culturales con ellos.
Desde esta perspectiva, el acceso privilegiado a áreas restringidas no es un detalle menor. Implica una asimetría de poder: lo que está prohibido para la mayoría se vuelve posible para quien posee capital económico, visibilidad global y capacidad de generar ganancias. El patrimonio, en este sentido, deja de ser un bien común y se transforma en un recurso espectacular, adaptado a las lógicas del algoritmo, la monetización y la viralidad.

Difusión cultural o mercantilización simbólica
Uno de los argumentos esgrimidos por el INAH fue que el video podría incentivar el interés del público joven por el patrimonio cultural mexicano. Esta idea no es falsa en sí misma: la difusión digital puede despertar curiosidad y acercar audiencias que tradicionalmente no consumen contenidos históricos o culturales. Sin embargo, el problema no es la difusión, sino el modo en que se difunde.
Cuando el patrimonio se presenta como un reto extremo, una aventura exclusiva o un escenario para el espectáculo, se corre el riesgo de vaciarlo de contexto. Las pirámides dejan de ser expresiones de cosmovisiones mesoamericanas para convertirse en fondos visuales intercambiables. La historia se simplifica, se distorsiona o se subordina a la narrativa del entretenimiento. En términos de Clifford Geertz, se rompe la “trama de significación” que da sentido a esos espacios, sustituyéndola por una lectura superficial y globalizada.

El papel ambiguo de las instituciones culturales
La controversia también evidenció una contradicción institucional profunda. Por un lado, el INAH es responsable de proteger y regular el uso del patrimonio; por otro, participa en acuerdos que permiten su uso mediático bajo lógicas comerciales. La posterior demanda contra MrBeast revela no solo un conflicto legal, sino una crisis de gestión cultural: permisos poco claros, límites difusos y una tensión constante entre conservación, difusión y mercado.
Este caso muestra que la protección del patrimonio no puede reducirse a contratos ni a cláusulas administrativas. Requiere una reflexión ética y política sobre quién se beneficia, quién decide y quién queda fuera cuando el pasado se convierte en contenido.

Patrimonio, poder y narrativas globales
La polémica MrBeast–INAH pone sobre la mesa un problema estructural: el patrimonio cultural de países como México se inserta en circuitos globales de consumo donde las narrativas dominantes suelen venir del norte global. La historia local es reinterpretada, editada y empaquetada para audiencias masivas, muchas veces sin la participación activa de las comunidades vinculadas a esos espacios.
En este contexto, el patrimonio inmaterial —las lenguas, los rituales, las memorias comunitarias— queda aún más invisibilizado. Lo que no es espectacular o fácilmente monetizable tiende a desaparecer del relato, reforzando una visión fragmentada y despolitizada de la cultura.

Más allá del escándalo: repensar el patrimonio como proceso vivo
Reducir este caso a una polémica en redes sociales sería perder una oportunidad clave. Lo ocurrido obliga a replantear cómo entendemos y gestionamos el patrimonio cultural en el siglo XXI. Si aceptamos que el patrimonio es un proceso social vivo, entonces su preservación no puede desligarse de la participación comunitaria, la educación crítica y la construcción de narrativas responsables.
Proteger el patrimonio no significa encerrarlo ni volverlo intocable, pero tampoco convertirlo en mercancía. Implica garantizar que su uso —digital, turístico o educativo— respete su sentido histórico, simbólico y social, y que las comunidades tengan voz en cómo se cuenta su propia historia.

El patrimonio no necesita salvadores virales
El patrimonio cultural de México no necesita ser “rescatado” por influencers, sino respetado, comprendido y compartido desde una lógica colectiva. Vive en los sitios arqueológicos, pero también en la comida cotidiana, en las lenguas que resisten, en las fiestas comunitarias y en las memorias que no siempre son rentables ni virales.
La polémica entre MrBeast y el INAH nos recuerda que el verdadero desafío no es atraer miradas, sino construir miradas críticas. Porque el patrimonio no es un decorado del pasado, sino una herramienta para pensar quiénes somos, quiénes narran nuestra historia y cómo queremos proyectarla hacia el futuro.
Si quieres saber más acerca del patrimonio cultural en México te invitamos a escuchar nuestro episodio.

Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.

 

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