Huitzilopochtli es una de las deidades más complejas y emblemáticas del panteón mexica. Como dios de la guerra, del sol y guía de los mexicas hacia Tenochtitlan, revela el triunfo del orden frente al caos, así como el sacrificio como elemento indispensable para el mantenimiento de dicho orden. La diversidad de sus mitos proporciona una perspectiva tanto religiosa como sociopolítica de una sociedad cuyas raíces están profundamente arraigadas en el paisaje, el poder político y el orden ceremonial.
Introducción
Dentro de la cosmovisión mesoamericana, los dioses están íntimamente relacionados con el orden del cosmos, el poder de los grupos dominantes y el destino de las comunidades (López Austin, 1998; Townsend, 2000). Huitzilopochtli, el colibrí zurdo o colibrí del sur, personifica el triunfo de lo solar frente a lo nocturno, de la luz frente a la obscuridad, el orden frente al caos —un tema recorrente en varias culturas mesoamericanas (León-Portilla, 1999). Según las crónicas de fray Bernardino de Sahagún (Códice Florentino) y otros textos del siglo XVI, el nacimiento de Huitzilopochtli fue un acto prodigioso que determinó el destino del pueblo mexica y el auge de Tenochtitlan (Sahagún, 1950-1982).
Fray Bernardino de Sahagún trabajó junto a un grupo de informantes nahuas, ancianos y sabios de Tlatelolco —el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco—, quienes le proporcionaron el conocimiento indispensable para dejar un registro fidedigno de sus creencias, mitología, rituales y estructura social (León-Portilla, 1999).
Origen y mitología
De acuerdo con el Códice Florentino, Huitzilopochtli nació de Coatlicue, la madre de los dioses, cuando ésta encontró una bola de plumas que guardó en el pecho (Sahagún, Códice Florentino, libro III, cap. 1-3). La sorpresa fue que aquel acto engendró a un nuevo ser, armado y dispuesto para el combate, que venció a sus hermanos, los Centzonhuitznahua (los cuatrocientos surianos) y a Coyolxauhqui, diosa de la Luna, quienes habían intentado dar muerte tanto a la madre como al nuevo dios.
Así, el Códice Florentino describe:
“En aquel preciso lugar nació Huitzilopochtli, armado de escudo, lanza y dardos… venció a Coyolxauhqui y arrojó sus miembros hacia abajo… así venció el sol a la noche” (Sahagún, Códice Florentino, libro III).
En esta lucha, Cuahuitlícac, el hermano de Huitzilopochtli, jugó un papel crucial, pues fue él el que advirtió a Huitzilopochtli de la traición de Coyolxauhqui y de los Centzonhuitznahua (León-Portilla, 1999), ayudándole así a vencerlos y a restablecer el orden cósmico.
Atributos de Coatlicue y Coyolxauhqui
Para poder identificarlos en el arte mesoamericano, tanto Coatlicue como Coyolxauhqui muestran una iconografía muy particular que revela tanto sus roles como sus significados en el panteón mexica. A continuación se describen sus principales características:
Coatlicue
Coatlicue (del náhuatl cōātl, “serpiente” y cueitl, “falda”— *“la que tiene falda de serpientes”—) es la diosa madre de los dioses, de la tierra y de la fertilidad. Sus representaciones están cargadas de complejos símbolos que muestran tanto el poder de dar vida como el de llevarla:
Falda de Serpientes: lleva una falda hecha de serpientes entrecruzadas, que significa el carácter generador de vida de la tierra, así como el paso de lo viviente hacia lo muerto.
Collar de Manos y Corazones: el collar formado por manos y corazones revela el sacrificio necesario para dar paso a nuevos seres.
Cabezas de Serpiente en Lugar de Cabeza: en varias representaciones, Coatlicue carece de cabeza; en lugar de ésta tiene dos cabezas de serpiente que muestran el flujo de sangre que se eleva hacia el cielo y se transforma en nuevos seres.
Garras en Manos y Pies: sus garras muestran el poder de tomar, sujetar y dar, así como el carácter feroz de esta deidad.
Pechos Marchitos: revela que ha amamantado a muchos hijos (los dioses) y que, a la par, ha pasado por el sacrificio de dar parte de sí misma para que ellos vivan.
Coyolxauhqui
Coyolxauhqui (del náhuatl coyolli, “cascabel”, y xauhqui, “adornada”— *“la que lleva cascabeles en las mejillas”—) es la diosa de la Luna y hermana de Huitzilopochtli.
Cascabeles en las Mejillas: el nombre de Coyolxauhqui hace referencia directamente a ellos, que están presentes en varias de sus representaciones. Esto revela tanto el carácter sonoro de esta deidad como el de un ser relacionado con lo nocturno.
Miembros Desmembrados: el monolito de Coyolxauhqui, hallado junto al Templo Mayor de Tenochtitlan, revela el estado desmembrado de la diosa —cabeza, brazos y piernas separados del torso—, fruto de la batalla que libró junto a sus hermanos en contra de Huitzilopochtli. Esto significa el triunfo del sol frente a la noche, así como el orden frente al caos.
Peinado, Cinturón y Atavíos: suele aparecer con un tocado de plumas, un cinturón de cráneos o calaveras, y orejeras de piedra, que muestran tanto el estatus de una deidad como el carácter bélico de Coyolxauhqui.
Posición Semirrecostada: el monolito más reconocido de Coyolxauhqui la presenta de forma circular, descuartizada pero conservando una expresión de fuerza y solemnidad. La piedra revela el triunfo de Huitzilopochtli y el sacrificio de aquel que se rebela al orden cósmico.
Importancia sociopolítica
El culto a Huitzilopochtli estaba profundamente involucrado en el poder político del imperio mexica (Townsend, 2000). La deidad era el guía de los mexicas en sus migraciones y el patrono de Tenochtitlan, a partir de lo cual el Estado se legitimó como elegido por los dioses para llevar el orden y el triunfo en el Valle de México (León-Portilla, 1999). La expansión del imperio, tanto a partir de conquistas como de alianzas, estaba bajo el auspicio de Huitzilopochtli, aumentando así el poder de sus gobernantes y fortaleciendo el orden social vigente.
Este fenómeno revela cómo el mito y el poder político están íntimamente asociados, aumentando el prestige de los grupos dominantes y ayudándolos a consolidar el orden institucional (Townsend, 2000).
Conclusión
Huitzilopochtli es una de las figuras más emblemáticas de la mitología mexica. Como deidad solar, guerrera y guía de un pueblo elegido, encapsula tanto los sueños de expansión como las tensiones sociales de una sociedad compleja. La relación de Huitzilopochtli con el sacrificio revela el valor que el sacrificio de vidas tenía para el mantenimiento del orden cósmico, así como el papel de lo religioso en el fortalecimiento de las comunidades mesoamericanas (Clendinnen, 1991).
Fuentes primarias
Códice Boturini. Museo Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México.
Códice Borgia. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma.
Durán, Fray Diego. (1867). * Historia de las Indias de Nueva España*. México: Imprenta de J. M. Rivera.
Sahagún, Fray Bernardino de. (1950-1982). Códice Florentino. México: Fondo de Cultura Económica.
Referencias
Clendinnen, I. (1991). Aztecs: An Interpretation. Cambridge University Press.
León-Portilla, M. (1999). Filosofía Náhuatl. Universidad Nacional Autónoma de México.
López Austin, A. (1998). Tamoanchan y Tlalocan. Fondo de Cultura Económica.
Townsend, C. (2000). The Aztecs. Thames & Hudson.
Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.