El 1° de mayo, conocido como el Día Internacional del Trabajo, es una fecha conmemorativa de profundas implicaciones históricas, sociales y políticas. Más allá de su dimensión simbólica o festiva, remite a un episodio crucial en la historia del movimiento obrero moderno: los hechos ocurridos en Chicago en 1886, que desembocaron en el juicio, condena y ejecución de un grupo de trabajadores conocidos desde entonces como los Mártires de Chicago.
El contexto: la lucha por la jornada de ocho horas
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la Revolución Industrial había transformado radicalmente la organización del trabajo en Estados Unidos y en gran parte del mundo occidental. Las jornadas laborales podían extenderse entre 12 y 16 horas diarias, seis o siete días a la semana, en condiciones insalubres y sin garantías mínimas para los trabajadores.
En este contexto, diversos movimientos obreros comenzaron a exigir la reducción de la jornada laboral a ocho horas, una demanda que se convirtió en el eje de la movilización convocada para el 1 de mayo de 1886 por la Federación Estadounidense del Trabajo (American Federation of Labor).
En Chicago, una de las ciudades más industrializadas y con fuerte presencia de organizaciones sindicales, se congregaron decenas de miles de trabajadores en huelga. Durante los días siguientes se organizaron diversas manifestaciones pacíficas. Sin embargo, el 4 de mayo, en la plaza de Haymarket, una protesta que transcurría sin incidentes fue interrumpida por un ataque explosivo contra las fuerzas policiales, que respondió con disparos indiscriminados. El resultado fue un número indeterminado de heridos y al menos siete policías muertos.
El juicio y la construcción de los mártires
A raíz de estos hechos, las autoridades detuvieron a varios líderes obreros y anarquistas. A pesar de la ausencia de pruebas directas que los vincularan con el atentado, ocho hombres fueron juzgados en un proceso plagado de irregularidades, motivado más por razones ideológicas que judiciales. Se trataba de Albert Parsons, August Spies, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg, Samuel Fielden, Michael Schwab y Oscar Neebe.
El juicio concluyó con la condena a muerte de siete de ellos, aunque finalmente:
Louis Lingg se suicidó en prisión la víspera de su ejecución. Albert Parsons, August Spies, Adolph Fischer y George Engel fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1887. Samuel Fielden, Michael Schwab y Oscar Neebe recibieron penas de prisión. En 1893, el entonces gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, revisó el caso y concedió el indulto a los tres sobrevivientes, reconociendo la injusticia del proceso judicial.
Biografías de los Mártires de Chicago
Albert Parsons (1848–1887)
Originario de Alabama, fue un veterano del ejército confederado que, tras la guerra civil, abrazó las ideas del socialismo y posteriormente del anarquismo. Se convirtió en un destacado orador y periodista, fundador del periódico The Alarm, vinculado a la International Working People’s Association (IWPA). Parsons no estaba presente en la manifestación del 4 de mayo, pero se entregó voluntariamente para ser juzgado junto a sus compañeros. Fue ejecutado el 11 de noviembre de 1887.
August Spies (1855–1887)
Nacido en Alemania, emigró a Estados Unidos en su juventud. Trabajó como tapicero y se involucró profundamente en el movimiento sindical y en el periodismo obrero. Fue editor del periódico anarquista en alemán Arbeiter-Zeitung, desde donde impulsó activamente la lucha por la jornada laboral de ocho horas. Fue uno de los oradores en la manifestación de Haymarket. Fue ejecutado el 11 de noviembre de 1887.
Adolph Fischer (1858–1887)
También originario de Alemania, era tipógrafo de oficio. Militante anarquista, trabajó junto a Spies en el Arbeiter-Zeitung y fue un activo promotor de la organización obrera en Chicago. Se le acusó de haber redactado volantes que llamaban a la manifestación del 4 de mayo, aunque no había evidencia directa que lo vinculara con el atentado. Fue ejecutado el 11 de noviembre de 1887.
George Engel (1836–1887)
Alemán de nacimiento, fue impresor y dueño de una pequeña tienda de artículos deportivos. A pesar de no estar presente en la manifestación de Haymarket, fue arrestado por su afiliación anarquista y por haber participado en reuniones previas con otros activistas. Su condena fue duramente criticada por su falta de relación con los hechos. Fue ejecutado el 11 de noviembre de 1887.
Louis Lingg (1864–1887)
El más joven de los acusados. Nació en Alemania y era carpintero de oficio. Se lo identificó como el posible fabricante de bombas, aunque nunca se comprobó su participación directa en el atentado. Fue descrito como radical e intransigente en sus ideas. El 10 de noviembre de 1887, un día antes de la ejecución, se suicidó en su celda con una pequeña carga explosiva que ocultaba en su boca.
Samuel Fielden (1847–1922)
Nacido en Inglaterra, fue pastor metodista y trabajador del transporte. Se convirtió en sindicalista y se inclinó hacia el anarquismo. Fue uno de los oradores en Haymarket, aunque abandonó el lugar poco antes del estallido de la bomba. Fue condenado a muerte, pero su pena fue conmutada por cadena perpetua. Fue indultado en 1893 por el gobernador Altgeld.
Michael Schwab (1853–1932)
De origen alemán, era tipógrafo y militante anarquista. Fue editor adjunto del Arbeiter-Zeitung. No estuvo presente en Haymarket la noche del 4 de mayo, pero fue juzgado por su papel como organizador sindical. Fue condenado a cadena perpetua e indultado en 1893. Continuó su labor periodística hasta su muerte.
Oscar Neebe (1850–1915)
Nacido en Nueva York de padres alemanes, trabajó como vendedor y panadero. Tenía vínculos con el Arbeiter-Zeitung pero no participó en la manifestación. A pesar de no haber estado presente ni haber tenido un papel organizador relevante, fue condenado a 15 años de prisión. Fue indultado en 1893. Continuó activo en el movimiento obrero hasta su muerte.
La internacionalización de la memoria obrera
En 1889, durante el Congreso de la Segunda Internacional celebrado en París, se acordó instaurar el 1° de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, en homenaje a los obreros de Chicago y como una jornada de reivindicación por los derechos laborales a nivel mundial.
Desde entonces, el 1° de mayo ha sido adoptado por numerosos países como una fecha de movilización, reflexión y homenaje a las luchas obreras. Paradójicamente, en Estados Unidos —el país donde se originaron los hechos— no se celebra oficialmente esta efeméride conmemorativa, y en su lugar se reconoce el Labor Day el primer lunes de septiembre, una decisión que ha sido interpretada como una forma de despolitizar su origen.
Conclusión
La figura de los Mártires de Chicago representa una página fundamental en la historia de la lucha por los derechos laborales. Su legado permanece vigente como recordatorio de que muchas de las conquistas del mundo del trabajo —como la jornada de ocho horas, el descanso semanal o la seguridad social— fueron el resultado de luchas colectivas y, en ocasiones, de sacrificios extremos.
El Día Internacional del Trabajo no es, por tanto, una celebración vacía, sino una oportunidad para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro del trabajo, y para renovar el compromiso con la dignidad y justicia en el ámbito laboral.
Una colaboración de Ajolotes Nerds para Tutivillus.